miércoles, 5 de mayo de 2010

EL ÚLTIMO VALS

En una noche cualquiera, bajo la tenue luz de las estrellas, bailaremos un vals: refugiados, bajo un rayo de luna.
Incluso escondidos en la oscura noche, veremos nuestras siluetas reflejadas en las paredes que, cobijan nuestro rincón aislado de curiosas miradas.
La música empezará tenue, acercándose sibilina a nuestros sentidos, envolviéndonos en su magia, y cada nota será acompañada por un trago de vino, esperando nuestro vals oiremos otros sonidos, otras melodías, una balada, una pieza de jazz, ¿quizás sean violines aquello que ahora nos acompaña? ¿Puede ser un chelo? Y que más da, en esta templada noche he olvidado tu nombre, y no puedo recordar quien soy...Y que más da, que nos importa aquello que hayamos vivido o, lo que nos quede por vivir, si ahora, no puedo más que contemplarme en tus ojos, esperando esa ilusión, hecha carne, que nos convierte en un mero espejismo, en una imagen difuminada de la pasión y los celos, tan solo una caricatura de nosotros mismos, hasta que empieze nuestra canción, hasta que suenen esos acordes, que tanto hemos esperado, un vals, nuestro vals, quizás el último...pero ¿acaso importa?
Te quiero de postre.
Saborear, tus cálidos labios, aún mojados por la gota que resbaló de la última copa de vino. Vino dulce que, degustamos minutos atrás tan solo.
Tan solo....
...déjate llevar, escucha su melodía, transportate al cielo en mis brazos...Ven...acércate a mi, unámonos en el vals.
Olvida batallas pasadas, tapa sentimientos ocultos, borra ese recuerdo.
Acepta la caída, en esta tela de araña, que sólo para tí he estado tejiendo.
Ven...
Ven hacia mí, levantate y baila. Disfruta de este lento baile, que tan sútil nos mantiene tan unidos que, nuestras sombras se transforman en solo un movimiento, una sola silueta, bajo las tenues luces que osan alumbrar este momento.
Me dejo caer en un hipnótico deseo: tu.
En un baile de seducción que a ambos nos atrapa, me dejo llevar por tí, sigo tus pasos, abrazas mi cintura, te estrechas cotra mi, aspiras mi perfume, me embriago de ti, y vuelvo a volcarme en un sueño del que no quiero despertar.
La músia cobra intensidad, anuncia tragedia dentro de una siniestra carcajada a la que no hago caso.
Me acerco a ti, susurro promesas en tu oido y, bajo el frenético ritmo del frenesí, te beso, y me dejo arrastrar por ti en un continuo estremecimiento, mientras tu boca desciende centímetro a centímetro sobre mi piel hasta llegar al cuello, donde te embelesas ávida de deseo.
La música se detiene, pero queda el silencio, a través del cual, seguimos danzando.
Aún permanece el deseo, que rompe el silencio con el roce de nuestros cuerpos. El sonido de los besos, caricias y suspiros sustituirán aquello que antes nos guiaba en el baile, llevándonos directos al suelo.
La sinfonía de la pasión nos rodea mientras suenan las campanas.
Abrazados, manifiesto del amor convertido en mágia. He entrado en tí, despacio, aumentando la velocidad al ritmo que marcan los impulsos, los latidos cual timbales, la sangre caliente, las mejillas encendidas, el pelo revuelto, y la espalda arqueada en cada una de las sacudidas que envuelven tu cuerpo.
Tus uñas en mi espalda, espasmos de placer encerrados dentro de la tempestad, escalofríos camuflados en una ola de calor inminente. Se tensan las piernas, se contraen los músculos, perdemos el sentido, y caemos derrotados por la primera oleada.
Pero aún el mar no está en calma, y sigue golpeando en la puerta de mis extrañas, para hacerte subir un par de peldaños más en esa escalera que al cielo llega.
Con la última erupción del volcán, el mar explota a nuestro lado, y con la última ola, la tempestad deja paso a la calma.
A pesar de haberme sentido devorado por el palpitar de tu carne, no he podido encontrar tu alma...
Una noche cualquiera, poseiste mis sentidos. Te hiciste partícipe de mis delirios. Dejaste que se manifestara en tus ojos el reflejo de los destellos que anuncian el deseo eterno.
Pero la noche se acaba y se esfuma la magia. Desapareces sin un adios, un abrazo, un beso. Volvemos a la rutina de los ojos vacíos, hasta que vuelva a sonar nuestro vals y, escondidos en un rayo de luna, volvamos a encontrar la mágia.

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