Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos -empezó el joven.
- Y nos vamos a casar -dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
- Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.
- Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.
- Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor -repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo... -dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa -dijeron los dos.
- Lo que sea -ratificó Toro Bravo.
- Bien -dijo el brujo-, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... salgan ahora.
Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.
Leyenda de mi pueblo.
- Volaban alto? -preguntó el brujo.
- Sí, sin duda. Cómo lo pediste... ¿y ahora? -preguntó el joven- ¿lo mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No -dijo el viejo.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne -propuso la joven.
- No -repitió el viejo-. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.
El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
- Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, "vuelen juntos pero jamás atados".
miércoles, 16 de febrero de 2011
Sara Jennifer
Esta historia pasó hace muchos años en un lugar alejado de la ciudad, en un pueblo de Nueva Jersey (EEUU)... No se sabe si lo que pasó fue verdad o si es sólo una leyenda; pero los inquilinos que ahora viven en la casa donde ocurrió la desgracia dicen que a veces por las noches oyen los gritos de una chica y los llantos de otra chica, de voz parecida a la de la primera, pero más bonita y clara, como si fueran las voces de dos hermanas adolescentes.Bueno; el caso es que, hace 40 ó 50 años atrás, en una casa grande de un pueblo de Nueva Jersey, vivía un feliz matrimonio con dos hijas de la misma edad, Sarah y Jeniffer, unas adolescentes de 16 y 17 años (Jeniffer era la mayor).
Era una familia que lo tenía todo; amor, bastante dinero... los padres creían que eran la familia perfecta, pero ignoraban algo respecto a sus hijas: el gran odio que Sarah sentía hacia Jeniffer. Le tenía una gran envidia a su hermana; ya que era más guapa, más alta, tenía más suerte con los chicos, era admirada por todos, tenía una voz más bonita, era la más popular, era la mayor de ellas dos... pero había algo que Sarah envidiaba muchísimo a Jeniffer, mucho más que cualquier otra cosa: sus ojos. Jeniffer no era vanidosa ni soberbia, pero no podía evitar decir que sus ojos eran su mayor orgullo, estaba orgullosísima de ellos, no paraba de alucinar con sus ojos, y es que eran perfectos: de un azul claro precioso, brillantes... y todos la admiraban por eso, todo el mundo le comentaba que tenía unos ojos preciosos.
El caso es que una tarde Sarah se quedó pensando en su cuarto sobre cómo podría destruir a su hermana Jeniffer, ya que la odiaba mucho, y se le ocurrió una idea bastante cruel y sanguinaria, aunque no era raro porque Sarah estaba volviéndose loca y enferma mental. Su principal objetivo era hacer que los ojos de Jeniffer dejaran de molestarla con su belleza, y que de paso Jeniffer dejara de ser la mejor en todo. Mientras Sarah se quedó en la casa preparando y materializando su plan, Jeniffer estaba dando una vuelta con las amigas por la ciudad, y los padres se habían ido al cine y al teatro, así que fue la ocasión perfecta para trazar su plan sin que nadie la viera.
Pasaron las horas, pasaron y pasaron, y se hizo de noche. Eran las 10:00. Jeniffer estaba yendo hacia su casa. Venía muy contenta y sonriente. Entró muy rápido en su casa sin mirar a su alrededor. Fue a su cuarto y se encontró con su cuadro de comunión roto y tirado en el suelo. Después empezó a recibir unas llamadas. Era alguien amenazándola con arrancarle los ojos y con destripar a su club de fans. La voz le resultaba conocida. Jeniffer se estaba asustando muchísimo, y también oía gritos fuera de la casa. Era Sarah, que lo hacía para asustarla más.
Diez minutos después, Jeniffer salió de la casa, y, nada más salir, se detuvo. Su boca se secó. Su corazón se paró. Se quedó de piedra con lo que vió. Lo que había visto era tan enormemente horrrible, tan orroroso, que se arrancó los ojos para no ver más. Era su propia hermana ahorcada de un árbol con tres puñaladas en el vientre y mirándola directamente a los ojos. Las ideas de la desquiciada Sarah habían quedado muy claras, y su venganza se había cumplido. Estuvo dispuesta a morir a cambio de que Jeniffer perdiera su felicidad, y, sobre todo, su mayor tesoro: sus ojos.
Era una familia que lo tenía todo; amor, bastante dinero... los padres creían que eran la familia perfecta, pero ignoraban algo respecto a sus hijas: el gran odio que Sarah sentía hacia Jeniffer. Le tenía una gran envidia a su hermana; ya que era más guapa, más alta, tenía más suerte con los chicos, era admirada por todos, tenía una voz más bonita, era la más popular, era la mayor de ellas dos... pero había algo que Sarah envidiaba muchísimo a Jeniffer, mucho más que cualquier otra cosa: sus ojos. Jeniffer no era vanidosa ni soberbia, pero no podía evitar decir que sus ojos eran su mayor orgullo, estaba orgullosísima de ellos, no paraba de alucinar con sus ojos, y es que eran perfectos: de un azul claro precioso, brillantes... y todos la admiraban por eso, todo el mundo le comentaba que tenía unos ojos preciosos.
El caso es que una tarde Sarah se quedó pensando en su cuarto sobre cómo podría destruir a su hermana Jeniffer, ya que la odiaba mucho, y se le ocurrió una idea bastante cruel y sanguinaria, aunque no era raro porque Sarah estaba volviéndose loca y enferma mental. Su principal objetivo era hacer que los ojos de Jeniffer dejaran de molestarla con su belleza, y que de paso Jeniffer dejara de ser la mejor en todo. Mientras Sarah se quedó en la casa preparando y materializando su plan, Jeniffer estaba dando una vuelta con las amigas por la ciudad, y los padres se habían ido al cine y al teatro, así que fue la ocasión perfecta para trazar su plan sin que nadie la viera.
Pasaron las horas, pasaron y pasaron, y se hizo de noche. Eran las 10:00. Jeniffer estaba yendo hacia su casa. Venía muy contenta y sonriente. Entró muy rápido en su casa sin mirar a su alrededor. Fue a su cuarto y se encontró con su cuadro de comunión roto y tirado en el suelo. Después empezó a recibir unas llamadas. Era alguien amenazándola con arrancarle los ojos y con destripar a su club de fans. La voz le resultaba conocida. Jeniffer se estaba asustando muchísimo, y también oía gritos fuera de la casa. Era Sarah, que lo hacía para asustarla más.
Diez minutos después, Jeniffer salió de la casa, y, nada más salir, se detuvo. Su boca se secó. Su corazón se paró. Se quedó de piedra con lo que vió. Lo que había visto era tan enormemente horrrible, tan orroroso, que se arrancó los ojos para no ver más. Era su propia hermana ahorcada de un árbol con tres puñaladas en el vientre y mirándola directamente a los ojos. Las ideas de la desquiciada Sarah habían quedado muy claras, y su venganza se había cumplido. Estuvo dispuesta a morir a cambio de que Jeniffer perdiera su felicidad, y, sobre todo, su mayor tesoro: sus ojos.
EL ÁNGEL DE LOS NIÑOS
Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando y que te cuidará.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- ¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
- ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
- Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando...
-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!. ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa, tu le dirás: mamá
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando y que te cuidará.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- ¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
- ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
- Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando...
-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!. ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa, tu le dirás: mamá
Un corazón
Hace muchos anos,en la lejana China,vivía un dragon de jade.No era un dragon común ni corriente...no dormía sobre tesoros y joyas, como el resto de los dragones.
Dicho dragon habitaba en una cueva de cristal color arco iris.Cuando estaba alegre volteaba su cabeza y dirigía su mirada hacia un determinado color del prisma de su ventana favorita.Cuando estaba triste giraba suavemente su cuerpo y dejaba su cola de saeta de diamantes y pensaba...solo pensaba en su tristeza.
Cierto día el dragon decidió cruzar las montanas y los ríos de la China,en busca de un Corazón de Jade.
Pues que ironía del destino....ser de Jade y no poseer un corazón.
Emprendió el vuelo y viajo lejano y lozano entre nubes y corrientes.Tomo rumbo hacia el Este,en busca del Sol Naciente.
Voló y voló...cruzo el gran océano de aguas azules y profundas.En su viaje compartio secretos con gaviotas que cruzaron su camino.Ilumino con sus destellos la ruta perdida de marinos y llego al corazón de África.
Exhausto y cansado,decidió tomar un breve descanso.Ardiente su pecho,fuego en su cola y desdicha en su alma por no encontrar lo que tanto buscaba.
Durmió tranquilo y apacible con la arena del desierto.Bocanadas de fuego,salían de sus fuaces y sin quererlo la arena fue tomando cierta forma producto a la elevada temperatura.
Al despertar,cuan grande fue su asombro.Ahí,delante de sus ojos,un Gran Corazón de Jade,se mostraba brillante,radiante y tallado.
Con jubilo el Dragon tomo entre sus garras el tesoro.Se hizo una incisión en su pecho y coloco debajo de su coraza(en la parte mas frágil de su cuerpo),el gran tesoro,que tanto anhelo.
Ya feliz...tomo rumbo hacia el norte...muy al norte.Necesitaba la frialdad del polo...necesitaba apaciguar sus llamas.
Cuenta la leyenda que al llegar quedo petrificado entre los hielos.Aun vive entre los hielos esperando su rescate.El rescate que alguien deberá pagar....pagar con el AMOR....para dejar libre un Corazón de Jade y un dragon...un dragon que solo quiere regresar a su caverna de cristal.
leyenda china.
Dicho dragon habitaba en una cueva de cristal color arco iris.Cuando estaba alegre volteaba su cabeza y dirigía su mirada hacia un determinado color del prisma de su ventana favorita.Cuando estaba triste giraba suavemente su cuerpo y dejaba su cola de saeta de diamantes y pensaba...solo pensaba en su tristeza.
Cierto día el dragon decidió cruzar las montanas y los ríos de la China,en busca de un Corazón de Jade.
Pues que ironía del destino....ser de Jade y no poseer un corazón.
Emprendió el vuelo y viajo lejano y lozano entre nubes y corrientes.Tomo rumbo hacia el Este,en busca del Sol Naciente.
Voló y voló...cruzo el gran océano de aguas azules y profundas.En su viaje compartio secretos con gaviotas que cruzaron su camino.Ilumino con sus destellos la ruta perdida de marinos y llego al corazón de África.
Exhausto y cansado,decidió tomar un breve descanso.Ardiente su pecho,fuego en su cola y desdicha en su alma por no encontrar lo que tanto buscaba.
Durmió tranquilo y apacible con la arena del desierto.Bocanadas de fuego,salían de sus fuaces y sin quererlo la arena fue tomando cierta forma producto a la elevada temperatura.
Al despertar,cuan grande fue su asombro.Ahí,delante de sus ojos,un Gran Corazón de Jade,se mostraba brillante,radiante y tallado.
Con jubilo el Dragon tomo entre sus garras el tesoro.Se hizo una incisión en su pecho y coloco debajo de su coraza(en la parte mas frágil de su cuerpo),el gran tesoro,que tanto anhelo.
Ya feliz...tomo rumbo hacia el norte...muy al norte.Necesitaba la frialdad del polo...necesitaba apaciguar sus llamas.
Cuenta la leyenda que al llegar quedo petrificado entre los hielos.Aun vive entre los hielos esperando su rescate.El rescate que alguien deberá pagar....pagar con el AMOR....para dejar libre un Corazón de Jade y un dragon...un dragon que solo quiere regresar a su caverna de cristal.
leyenda china.
El pájaro de las alas de jade.
El quetzal cantaba, antes de la llegada de los conquistadores. Y solía hacerlo de tal forma que sus trinos cautivaban a todos. Luego calló.
Cuando todavía no existían pobladores en el mundo y reinaba el silencio. Los dioses y sus hijos se reunieron para formar el universo. Luego de una larga discusión de cómo harían esto, decidieron que apareciera la superficie de la tierra y retiraron las aguas.
Formaron los valles, las costas y los montes. Crearon a los animales de diferentes tipos para que vivieran allí. Y muy felices ante su obra, los dioses descansaron.
Pero Kuk (el del rostro de neblina y cabellera negra) deseaba bajar a convivir con las criaturas que crearon. Primero pidió permiso a Cabgil (corazón del cielo), pero éste le negó su deseo.
Kuk insistió, pues no entendía como si ellos, los dioses, habían creado a esos seres, él no podía vivir con ellos. Cabgil llamó a los otros dioses que integraban el consejo supremo.
Y allí estaban, Gukumatz (el poder del cielo), Tzakol (el que construye), Bitol (el que forma), Tepeu (el que domina), Alom (el que procrea) y Cajolom (el que engendra). Todos ellos rechazaron nuevamente la súplica del pequeño Kuk. Pero Ixcumané e Ipiyacoc abuelos de Chirakán (el sol) decidieron que el joven bajara a la tierra.
Así Kuk cubierto de piedras preciosas bajó a la tierra. Era sin duda la criatura más bella. Al verlo pasar las aves y las fieras quedaban asombradas por tanta belleza.
Por las noches cuando el joven dios se bañaba en el río, el esplendor de su piel deslumbraba a las fieras, porque las esmeraldas y el jade mezclados con el resplandor del agua lograban que Kuk brillara como el mismo sol. Y eso lo hacía muy feliz, todos lo admiraban.
Con el tiempo la soberbia se apoderó de Kuk, quien pasaba más tiempo admirándose en cualquier reflejo de agua. Y se olvidó de las demás criaturas.
Los dioses al observarlo se preocuparon y decidieron que Kuk regresara al Gug (Manto Verde, mansión del cielo), para crear otros seres que poblaran la tierra. Y éstos serían hechos de madera y maíz.
El joven dios se puso furioso, porque no quería que nadie más habitara la tierra, y pensaba que ningún ser creado de madera podía igualar su belleza.
Desafío a los dioses, la soberbia que poseía era tal que olvidó la advertencia de Xocoteoguah quien le sacaría los ojos; Camalotz, le cortaría la cabeza; Tucumbalam, trituraría sus huesos y Cotzbalam lo devoraría.
Pero Kuk no tenía miedo y eso enfureció más a los dioses. Así decidieron que los abuelos Ixpiyacoc e Ixcumané, fueran enviados para mediar. Cuando los abuelos bajaron, el joven dios se escondió.
Tucumbalam lo vio desde el cielo y les dijo a los viejos dioses dónde estaba Kuk. Pero ni las súplicas de Ixpiyacoc y las lágrimas de Ixcumané lograron convencer al engreído muchacho. Así que los dioses decidieron darle un castigo ejemplar.
Fue transformado en quetzal
Por la noche fue transformado. Y al día siguiente los animales quedaron sorprendidos al ver una especie nueva de pájaro. El quetzal
Era un ave de hermoso plumaje color verde jade, de grandes alas, cola de plumas largas y la cabeza coronada por un resplandeciente penacho verde, que gallardamente estaba postrado en las ramas de un árbol.
Cuando vieron los ojos expresivos del ave, las demás criaturas supieron de quién se trataba. ¡Era Kuk, el hijo de los dioses! que había sido transformado para embellecer los bosques, las selvas y las montañas de México y de Centroamérica.
El penacho de Moctezuma
Cuenta la leyenda que antes de la llegada de los españoles, Moctezuma reinaba sobre el Anáhuac. Cuauhtémoc, era un telpochtli cuyo trabajo era ser el visitador oficial del emperador.
Un día Cuauhtémoc regresaba de la ciudad de Yahualichan, cuando vio en la selva a un hermoso pájaro de bello plumaje, era un quetzal.
Le gustó tanto que la quería para él, ordenó a sus hombres que lo atraparan. Sin embargo el ave era muy desconfiada y no se dejó cazar. Losguerreros aztecas pasaron varios días con sus noches persiguiendo al quetzal por la selva sin poder alcanzarlo.
Los totonacas les ayudaron
Al enterarse de eso los totonacas de Yahualichan, fueron con los aztecas y les dijeron cómo atraparlo. Los totonacas sabían cómo hacerlo porque entre los productos que entregaban a Moctezuma como dote cada ochenta días estaban las plumas de quetzal.
Les dijeron que uno de ellos se tenía que esconder en un árbol y con una cerbatana le lanzara una bolita de lodo, los aztecas lo hicieron y una vez que atraparon al ave, la encerraron en una jaula muy grande.
Cuauhtémoc entró a Tenochtitlan llevando al quetzal como la mayor riqueza de aquel viaje.
A Moctezuma le gustó mucho ese obsequio y lo agregó al gran zoológico que tenía en su palacio, donde había todo tipo de animales de las tierras conocidas por los aztecas, vivían entre estanques y jardines. El quetzal era el animal más bello de todos.
Pasaron unos días y el quetzal se entristeció tanto que al poco tiempo amaneció muerto. Fue cuando los aztecas se dieron cuenta que no podía vivir fuera de su ambiente y sin libertad.
El emperador Moctezuma también entristeció mucho, y para honrar a la bella ave hizo que le crearan un penacho, un penacho que fuera grande y hermoso y que en él utilizaran las plumas de su quetzal.
También le incrustaron joyas preciosas y oro para que todo aquel que mirara ese penacho recordara al quetzal. Y los dejaran en libertad para que siguieran embelleciendo a su pueblo.
Como muchas cosas que se cuentan, no sabemos si sucedió en verdad o no. Lo que sí sabemos es que hasta ahora el penacho de Moctezuma es una joya histórica.
Y aunque hay quetzales en varios zoológicos, nunca han tenido crías. El quetzal es un animal que ama la libertad y, sobre todo, el bosque de niebla, que es su casa. Es una especie que está en peligro de extinción.
Leyenda del pueblo mexicano
Cuando todavía no existían pobladores en el mundo y reinaba el silencio. Los dioses y sus hijos se reunieron para formar el universo. Luego de una larga discusión de cómo harían esto, decidieron que apareciera la superficie de la tierra y retiraron las aguas.
Formaron los valles, las costas y los montes. Crearon a los animales de diferentes tipos para que vivieran allí. Y muy felices ante su obra, los dioses descansaron.
Pero Kuk (el del rostro de neblina y cabellera negra) deseaba bajar a convivir con las criaturas que crearon. Primero pidió permiso a Cabgil (corazón del cielo), pero éste le negó su deseo.
Kuk insistió, pues no entendía como si ellos, los dioses, habían creado a esos seres, él no podía vivir con ellos. Cabgil llamó a los otros dioses que integraban el consejo supremo.
Y allí estaban, Gukumatz (el poder del cielo), Tzakol (el que construye), Bitol (el que forma), Tepeu (el que domina), Alom (el que procrea) y Cajolom (el que engendra). Todos ellos rechazaron nuevamente la súplica del pequeño Kuk. Pero Ixcumané e Ipiyacoc abuelos de Chirakán (el sol) decidieron que el joven bajara a la tierra.
Así Kuk cubierto de piedras preciosas bajó a la tierra. Era sin duda la criatura más bella. Al verlo pasar las aves y las fieras quedaban asombradas por tanta belleza.
Por las noches cuando el joven dios se bañaba en el río, el esplendor de su piel deslumbraba a las fieras, porque las esmeraldas y el jade mezclados con el resplandor del agua lograban que Kuk brillara como el mismo sol. Y eso lo hacía muy feliz, todos lo admiraban.
Con el tiempo la soberbia se apoderó de Kuk, quien pasaba más tiempo admirándose en cualquier reflejo de agua. Y se olvidó de las demás criaturas.
Los dioses al observarlo se preocuparon y decidieron que Kuk regresara al Gug (Manto Verde, mansión del cielo), para crear otros seres que poblaran la tierra. Y éstos serían hechos de madera y maíz.
El joven dios se puso furioso, porque no quería que nadie más habitara la tierra, y pensaba que ningún ser creado de madera podía igualar su belleza.
Desafío a los dioses, la soberbia que poseía era tal que olvidó la advertencia de Xocoteoguah quien le sacaría los ojos; Camalotz, le cortaría la cabeza; Tucumbalam, trituraría sus huesos y Cotzbalam lo devoraría.
Pero Kuk no tenía miedo y eso enfureció más a los dioses. Así decidieron que los abuelos Ixpiyacoc e Ixcumané, fueran enviados para mediar. Cuando los abuelos bajaron, el joven dios se escondió.
Tucumbalam lo vio desde el cielo y les dijo a los viejos dioses dónde estaba Kuk. Pero ni las súplicas de Ixpiyacoc y las lágrimas de Ixcumané lograron convencer al engreído muchacho. Así que los dioses decidieron darle un castigo ejemplar.
Fue transformado en quetzal
Por la noche fue transformado. Y al día siguiente los animales quedaron sorprendidos al ver una especie nueva de pájaro. El quetzal
Era un ave de hermoso plumaje color verde jade, de grandes alas, cola de plumas largas y la cabeza coronada por un resplandeciente penacho verde, que gallardamente estaba postrado en las ramas de un árbol.
Cuando vieron los ojos expresivos del ave, las demás criaturas supieron de quién se trataba. ¡Era Kuk, el hijo de los dioses! que había sido transformado para embellecer los bosques, las selvas y las montañas de México y de Centroamérica.
El penacho de Moctezuma
Cuenta la leyenda que antes de la llegada de los españoles, Moctezuma reinaba sobre el Anáhuac. Cuauhtémoc, era un telpochtli cuyo trabajo era ser el visitador oficial del emperador.
Un día Cuauhtémoc regresaba de la ciudad de Yahualichan, cuando vio en la selva a un hermoso pájaro de bello plumaje, era un quetzal.
Le gustó tanto que la quería para él, ordenó a sus hombres que lo atraparan. Sin embargo el ave era muy desconfiada y no se dejó cazar. Losguerreros aztecas pasaron varios días con sus noches persiguiendo al quetzal por la selva sin poder alcanzarlo.
Los totonacas les ayudaron
Al enterarse de eso los totonacas de Yahualichan, fueron con los aztecas y les dijeron cómo atraparlo. Los totonacas sabían cómo hacerlo porque entre los productos que entregaban a Moctezuma como dote cada ochenta días estaban las plumas de quetzal.
Les dijeron que uno de ellos se tenía que esconder en un árbol y con una cerbatana le lanzara una bolita de lodo, los aztecas lo hicieron y una vez que atraparon al ave, la encerraron en una jaula muy grande.
Cuauhtémoc entró a Tenochtitlan llevando al quetzal como la mayor riqueza de aquel viaje.
A Moctezuma le gustó mucho ese obsequio y lo agregó al gran zoológico que tenía en su palacio, donde había todo tipo de animales de las tierras conocidas por los aztecas, vivían entre estanques y jardines. El quetzal era el animal más bello de todos.
Pasaron unos días y el quetzal se entristeció tanto que al poco tiempo amaneció muerto. Fue cuando los aztecas se dieron cuenta que no podía vivir fuera de su ambiente y sin libertad.
El emperador Moctezuma también entristeció mucho, y para honrar a la bella ave hizo que le crearan un penacho, un penacho que fuera grande y hermoso y que en él utilizaran las plumas de su quetzal.
También le incrustaron joyas preciosas y oro para que todo aquel que mirara ese penacho recordara al quetzal. Y los dejaran en libertad para que siguieran embelleciendo a su pueblo.
Como muchas cosas que se cuentan, no sabemos si sucedió en verdad o no. Lo que sí sabemos es que hasta ahora el penacho de Moctezuma es una joya histórica.
Y aunque hay quetzales en varios zoológicos, nunca han tenido crías. El quetzal es un animal que ama la libertad y, sobre todo, el bosque de niebla, que es su casa. Es una especie que está en peligro de extinción.
Leyenda del pueblo mexicano
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